Entrevista


“La vida misma es una inquietud”


Por Marcos Piovesan.


Es paradójico que, habiendo debutado hace casi diez años en la pantalla grande, vuelva a tener su primera vez. Pero esa es la realidad de Vera, la hija menor de Luis Alberto Spinetta, a la que le llegó la hora de protagonizar. Lo hace encabezando la historia de María Soledad Rosas, la militante anarquista considerada en Italia una de las más peligrosas terroristas de la década del noventa. Pero hay más, ya que, en el largometraje dirigido por Agustina Macri, se decidió a cantar junto a su novio, Juan Saieg, la canción que puede escucharse en los créditos finales. La grabó en el estudio de su padre, algo que nunca se había animado a hacer. También fue su primera vez. “Siempre tuve ganas de afrontar este protagónico, pero tenía miedo de no poder retratar a Soledad de una manera fidedigna, comprometida. No es sencillo encarnar a una persona que no es un personaje de ficción. Y sobre todo a ella, con sus ideales y su forma de enfrentarse a todo lo que le sucede”, desliza en una atípica librería porteña que funciona en una casona reciclada, en una esquina ubicada en el límite entre Chacarita y Colegiales.

–¿Qué te enseñó esta experiencia?
–Adquirí otra dimensión de la vida, de lo que uno desea. Vivimos un poco mecánicamente, y no nos damos cuenta de lo que nos rodea, de dónde hay que poner el foco, la energía, los esfuerzos. Hay que tomarse las cosas con mayor seriedad.

–Agustina es hija del presidente y vos, de una leyenda del rock. ¿Eso provoca mayores presiones? 
–Más allá de que seamos “hijas de”, le pusimos mucho amor, y eso se refleja en la película. Es un proyecto que nos tocó una fibra personal por diferentes circunstancias. Ambas comulgamos en cómo transmitir esta historia y trabajamos con libertad. Y eso es lo que queremos que se vea. Hay que ir al cine sin prejuicios, con la cabeza bien abierta. 

–Como si fuera poco, tuviste que hablar en italiano. 
–Supe desde un principio que no solo tenía que hablarlo, sino ir a instalarme a Italia. Para mi sorpresa salió bastante bien, sobre todo porque pude estudiar solo dos meses antes del rodaje. En Turín estaban todos complotados para que no charlara en español. Fue complejo porque podés conocerte el guion de memoria, pero si tenés que improvisar, ¿qué hacés?

–Definí en una palabra a Agustina como directora.
–¡Brillante! Era su primera película y mi primer protagónico. Ninguna sabía cómo sería la otra en su rol, pero confiamos mutuamente. Ella tiene muy claro lo que quiere y, a la vez, es muy dadivosa, siempre dispuesta a hacer lugar a la propuesta de los actores. No es común que acepten tu opinión, o sugerencias del estilo “Estaría bueno este diálogo” o “Estoy más cómoda haciendo esto así”. Es una persona luminosa que tiene mucho para dar. Nos hicimos muy amigas. Concluimos en que las dos estábamos atravesadas por lo mismo.

–Una escena movilizadora es esa donde te rapan. 
–Fue un momento conmovedor y raro, porque me estaba mirando al espejo y veía todo lo que pasaba. Pero no tuve ningún conflicto. Nunca me lo habría hecho, pero la película lo requería para plasmar las diversas decisiones y etapas de Soledad. Además, ¡el pelo vuelve a crecer! (risas). 

–¿Esta es la gran apuesta de tu carrera? 
–Sí, pero una apuesta casi insconciente porque filmaba en un ida y vuelta constante entre querer darlo todo y el vértigo de sentir que no estaba lo suficientemente preparada para este papel. Me cuestionaba si iba a poder. Pero los desafíos me re gustan. En ese sentido estaba “kamikazeando” fuerte. 

Amor y libertad
Dice que la define el color amarillo porque le transmite alegría, tranquilidad. Quien supo destacarse en televisión en Mi amor, mi amor, En terapia, La celebración, y en largometrajes como Las viudas de los jueves y Voley, repite que las relaciones deben fluir y, sobre la base de eso, asumir que cada uno es como es y no intentar transformar al otro. Y confiesa que continúa en la búsqueda de ser mejor madre para su hija Eloisa, de 3 años. “Uno como padre o madre tiene que brindar estabilidad, y darle un contexto a todo, así los hijos pueden asimilar nuestro ritmo y nosotros, el de ellos. Soy de las que sostienen que deben ser parte de nuestra cotidianidad en todos sus colores. Me gusta que esté al tanto de la música que escucho o lo sociable que soy con mis amigos, porque así ella lo va incorporando. En definitiva, ese es el entorno en el que va a crecer”, afirma quien en octubre cumplirá 27 años.

–¿Cómo es Eloísa?
–Es capaz de dormir todo el día… ¡Igual que yo! (risas). Muchas veces viene a mi habitación y, como yo no me quiero despertar, la abrazo y seguimos durmiendo juntas. O le pregunto si no quiere dormir un ratito más, y me responde con su vocecita “Y bueno…”. Es un poco y un poco. 

–Tu papá les dejó una vara muy alta a vos y tus hermanos. ¿Es un desafío ser su hija?
–No lo siento así, jamás podría ponerlo en esos términos. Papá es todo, pero soy una persona con un desarrollo propio. Mis metas nos están vinculadas a él. No quiero hacer algo parecido ni distinto: simplemente pretendo ser genuina conmigo misma. Si hago música, que sea la mía, la que me salga, sin que nadie me juzgue. Con Luis no hubo ni hay una vara: ni de parte de él hacia nosotros, ni tampoco de nosotros hacia él. Eso es lo que nos inculcaron nuestros padres: hacer lo que uno ama, libremente.

–El medio artístico es muy competitivo. ¿Qué consejo le darías a quien quiere sumergirse en este ambiente?
–No sé si estoy capacitada para dar algún consejo. No soy quién para hacerlo. Me propongo no competir, no compararme con nadie. Hay que ser uno mismo siempre. Ser sincero y entregarse cien por ciento. Ese es el camino.

–Solo te falta hacer teatro. ¿Para cuándo?
–Sí, todavía no pude llenar ese casillero. Deseo dar con esa obra que me seduzca para poder hacerla.

–¿Cuáles son tus inquietudes?
–Todo es una inquietud. La vida misma es una inquietud, ya que nadie sabe qué le ocurrirá mañana. Cada uno de nosotros libra su propia lucha. Todo lo que está pasando en el mundo nos deja en un estado pensativo. 

–En tus redes aparecen posteos con el color verde. ¿Cómo analizás los movimientos femeninos?
–Las mujeres estamos muy fuertes. Nos estamos despertando, tomando conciencia y haciendo un trabajo muy grande para que ciertos temas ya no sean como fueron. No debemos bajar los brazos en esto de ganarnos el respeto. Y hay muchos hombres que nos acompañan, que comprenden que este es un proceso en el que estamos todos juntos. 

–Uno de tus hobbies es leer. ¿Qué libro nos recomendás?
–Estoy terminando Acá todavía, de Romina Paola. Es increíble el nivel cultural de los artistas argentinos. Hay de todo y todo es muy bueno. 

–¿Mirás cine nacional?
–A full. Me encanta lo que hizo Luis Ortega en El ángel. Tiene una forma de filmar única.
 
–¿Con qué fantaseás a futuro?
–Con ser mejor madre, mejor amiga, mejor compañera. Y evolucionar como lo tenga que hacer, ya sea en la actuación o en la música. Lo importante es progresar, superarse. 

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Fotos: Diego Spivacow.
Agradecimientos: librería Falena (Charlone 201, CABA).

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