Entrevista


“Me divierte mucho la vida”


Por Juan Martínez.


Sentada en la cama, zapatillas y vestido negros, guitarra en mano y acompañada por su gato, que huye cuando la canción alcanza su clímax con los alaridos desgarradores de una traición. En agosto de 2014, Mon Laferte subió un video casero a YouTube cantando “Tu falta de querer” y rápidamente acumuló unos cuantos millones de reproducciones. Aquel arrebato catártico e independiente fue el trampolín para transformarse en una de las cantautoras más auténticas y convocantes de habla hispana.

El tema, el primero en la lista entre los varios hits que ostenta la chilena radicada en México, formó parte de Volumen 1, disco con el que dio el puntapié inicial a su carrera, en el que desnudó sentimientos profundos y oscuros a través de los que conectó enseguida con el público, siempre ávido de este tipo de ofrendas.?Lo particular de la cuestión es que ese álbum sigue siendo su preferido, pese a la trascendencia de su última placa, La trenza. “Volumen 1 tiene el romanticismo de estar hecho en casa, sin un peso, sin luz, con mi botella de tequila, un cenicero rebalsando de cigarros, y en pijama –repasa–. Llegaban mis amigos y me decían: ‘Das asco’. Me resulta bonito y hasta me da risa recordar lo deprimida que estaba, superdramática. Ese disco lo encaré totalmente sola, y para mí fue una validación propia, como creer en mí. Estuve rodeada de muchos hombres, amigos músicos, que me repetían frases del estilo ‘No sabes de armonía, esto no está bien’. Todos opinaban y yo me hacía cada vez más chiquitita. Con Volumen 1 mandé todo al diablo”.

Mandar todo al diablo no era una reacción desconocida para Mon Laferte, ya que unos años antes se había desmarcado de una creciente repercusión en Chile para irse a México a arrancar de cero. En su patria natal había sido una de las figuras del reality show Rojo, Fama Contrafama: quedó tercera, actuó en una película derivada del programa y grabó el CD La chica de Rojo. En aquella época aún se presentaba como Monserrat Bustamante, y antes de convertirse en Mon Laferte también utilizó su segundo nombre, Norma, en honor a su abuela, la gran responsable de su pasión artística. Así la evoca: “Ella era cantante y compositora. La veía tocar la guitarra y quería ser como ella. Era muy chistosa, el alma de las fiestas, y cantaba superlindo. Nos llevábamos muy bien. Creo que pasa eso con las abuelas: mientras que tus padres te regañan, ellas son las que te dejan hacer todo. Una vez mi mamá estaba internada en el hospital por una operación, y yo quedé al cuidado de mi abuela. Justo venía un festival de cantantes y yo le insistía en que quería participar, por lo que me mandó a hacer un vestuario muy llamativo, con unas medias rayadas. Éramos dos niñas jugando. Cuando mi mamá regresó a casa y vio que yo había ganado, se rio y nos dijo: ‘¿Hacen todas estas cosas a escondidas mías?’”.

–La música era un espacio de complicidad entre ustedes.
–Sí, hacíamos juegos de armonías y me enseñaba muchísimo. Algo que hacía siempre era despertarme a la noche: yo me acostaba a las nueve y ella, en vez de dejarme descansar para que no tuviera sueño en la escuela, como cualquier abuela haría en su sano juicio, me decía: “Vente a cantar, ya se durmieron los demás”. Me levantaba y nos íbamos a entonar boleros hasta las tres de la mañana. Era nuestra travesura. Obvio, al otro día me dormía en el aula...

A los 13 años comenzó a cantar profesionalmente, acompañando la campaña de una candidata a diputada. Cada día la recogían en una camioneta y la paseaban por pueblos cercanos para que cantara con el apoyo de un guitarrista. Con los años animó todo tipo de fiestas, improvisando repertorios según las exigencias del cliente de turno.

–¿Cómo encontraste un estilo propio en medio de eso?
–En ese tiempo ni siquiera sabía cómo lograrlo, aunque por supuesto que fantaseaba con ello. Ya componía algunas canciones, pero debo reconocer que copiaba un poco las que existían. Mi actividad principal era ser intérprete, cantar y dedicarme solo a eso. No tenía todavía esa inquietud de hallar mi propia voz. Eso apareció de más grande. 

–¿Surgió como una necesidad?
–No lo sé... Recién a los 18 años empecé a hacer canciones más en serio. Se fue dando solito, naturalmente. Igual, creo que eso estuvo siempre ahí, solo que no tenía la suficiente información y me daba mucha vergüenza. De hecho, algunas veces me sigue dando vergüenza mostrar mis canciones. Pero en aquel momento no me atrevía a nada. Deseaba cantar mis canciones, pero tenía la sensación de que me iban a decir que eran malas. A los 21 me liberé de eso y me solté. Ahí maduraron las canciones. Y yo.

–¿Fue difícil tomar la decisión de abandonar Chile para irte a México a relanzarte como artista?
–No, para nada. A mí no me mueven la popularidad ni el dinero. Me divierte mucho la vida. Toda. Era mucho más seductor renunciar a la fama que había obtenido en mi país e ir por inéditas aventuras que quedarme aburrida y hacer todos los días lo mismo. ¡Qué flojera!

–¿Y qué fuiste a buscar a México?
–Experiencias. Eso es una constante en mí. Estoy en la búsqueda encarnizada de vivir, de mantenerme inspirada, de sorprenderme con la poesía y la belleza que hay en todas las cosas. Una amiga me invitó a ir a México, y me pareció una buena oportunidad. Allí pasé una de mis etapas más inolvidables, me hice adulta. Arribé con 24 años, y hoy tengo 35. Es un período en el que se desarrolla tu personalidad. Tus gustos se afinan y te definen mucho más.

–Sos una mujer que pasaste de todo, hasta un cáncer de tiroides. ¿Cómo lo enfrentaste?
–Muerta de miedo. Atravesé terapias y esas cosas que te asustan y te hacen pensar que te vas a morir, pero, al final, creo que hasta me hizo bien. El dolor físico se aguanta, y, aunque sea un cliché, ese trance me hizo valorar más todo. Soy más consciente de absolutamente todo. De alguna manera, es como que desperté.

–Declaraste que sos una peleadora, pero que te cuesta asumir tu éxito actual. ¿Cómo es eso?
–Uno se acostumbra a vivir de una forma. Yo tenía mi disco, con el que iba a los bares de México sin tener ningún contacto. En la puerta le preguntaba al guardia por el gerente y me quedaba a esperarlo para mostrarle lo que hacía y pedirle si me dejaba tocar en su local. La respuesta era siempre la misma: “Déjame tu mail”. Pero nunca pasaba nada. A las dos semanas volvía al bar y comprobaba que ni siquiera se habían interesado. Ya iba preparada para eso. Como reza el dicho, el “no” ya lo tienes ganado.

–Ahora te estás acostumbrando al “sí”...
–No me acostumbro nada, porque tengo superclaro que la vida va para arriba y para abajo, y eso es lo entretenido. Estoy disfrutando y pasándola superbien viajando y tocando con amigos, pero eso pasará, y hasta puede que yo misma lo busque, porque el cuerpo y la mente se cansan. No quisiera ser como esos artistas que están reinventándose y reinventándose para continuar en la industria. Jamás haría algo así. Si veo que se me secaron las ideas y estoy forzada, es mucho más digno y sano decir adiós.  

–Lo vintage es un sello en tu música y en tu estética.
–Es que, como decían las abuelas, todo lo de antes era mejor. Todo. Ahora quieren emular los sonidos análogos con los sintetizadores, pero al compararlos con los viejos suenan como una copia. Con la ropa ocurre algo similar y se te rompe enseguida. Tengo un abrigo que compré en una feria vintage. No sé de que año es, pero está enterito. 

–¿Te habría gustado nacer en otra época?
–No, porque considero que, a diferencia de la calidad de los objetos, la humanidad ha ido evolucionando positivamente. Tenemos mucha más apertura mental, aunque a veces no lo parezca. Hay más empatía. Hace no muchos años, las mujeres no podíamos votar, la gente de color era esclava... ¡No me entra en la cabeza!  

–Muchos concluyen que cada vez estamos peor...
–Pero yo no lo siento así. Sí es cierto que nos destruimos mucho debido al sistema socioeconómico en el que estamos inmersos, pero eso va a cambiar. Es una situación que se va a dar vuelta. Tengo fe en nosotros, porque estamos siendo más conscientes, más inteligentes. Tenemos más acceso a la información: en tu teléfono tienes todo. La educación y la información son una mina de oro. Ya no nos pueden engañar tan fácilmente.

–En tus inicios, la música estaba íntimamente ligada con tu abuela. ¿Qué significa para vos hoy?
–Diversión.?Esa es la palabra justa. La música me ha regalado todo y agradezco muchísimo haber tenido esta facilidad para cantar desde pequeña. 

–¿Qué expectativas tenés para los shows en Argentina?
–Me generan una grandísima ilusión. Voy a confesar algo: en Buenos Aires fue donde toqué para menos gente en mi vida (risas).?Fue en 2010,  en un bar donde me vieron como diez personas. Más allá de eso, me encantan la música y el humor de los argentinos. Tienen mucha onda y viviría feliz aquí. No puedo creer que vaya a tocar en el Gran Rex, en Rosario, Mendoza o Córdoba. Me da mucha emoción conocer lugares y escenarios nuevos. Allí voy. 


Color, sonido y emoción
Mon Laferte vuelve a presentarse en la Argentina, después de su exitoso paso por la sala Groove, en 2017. Entre sus hits, que fusionan estilos clásicos de nuestro continente con ritmos del pop contemporáneo, entonará “Amárrame”, canción que compartió con su colega colombiano Juanes y que le valió nada menos que un Grammy como Mejor canción alternativa. El 20 de septiembre se presentará en la Plaza de la Música (Córdoba), el 21 en el teatro El Círculo (Rosario), el 22 y 23 en el Gran Rex (CABA), y el 25 en el auditorio Ángel Bustelo (Mendoza). Info: monlaferte.com


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Fotos: Gentileza Universal.

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