Investigación


De flor en flor


Por Daniela Calabró.


Con la llegada de la primavera, las plantas entran en su período de floración y los espacios al aire libre se llenan de colores. “Los jazmines dan el puntapié inicial, seguidos por los azahares, los paraísos y muchas otras flores cuyo perfume se impregna en el aire durante el día o por la noche”, desliza la paisajista Clara Billoch en su libro Un año en el jardín. “En octubre, las amapolas despliegan sus pétalos, esplendorosas, y las arvejillas se entregan en ramilletes que llevan su colorido y su aroma dentro de la casa”, agrega.

Si bien la explosión visual puede generar ganas de sumar más ejemplares, hay que ser cautos frente a la llegada del calor.?Billoch recomienda no comprar plantas en terrón, sino elegir las que hayan sido envasadas dos meses atrás o criadas en envase. “Es una época propicia para plantar herbáceas. Aprovechando el final de las heladas, puede optarse por aquellas gramíneas sensibles al frío que ya están bien brotadas en el vivero. Su crecimiento será intenso y sostenido durante la primavera y el verano”, aconseja la experta, aunque aclara que hasta el otoño no deberán realizarse trasplantes de ningún tipo.

Para las plantas que ya llevan su curso de crecimiento, hay que estar atentos a un correcto control de la humedad. “Si la primavera es seca, habrá que ponerse en actividad con mangueras o riegos automáticos. Si es húmeda y las lluvias son intensas, lo mejor será controlar los riesgos para que no inunden el jardín”, detalla Billoch, a la vez que insta a controlar las plagas de caracoles, babosas, moscas blancas y pulgones. Con todo eso bien dominado, llega el momento de cuidar los canteros. La experta apunta: “La tarea principal es colocar tutores en las plantas que lo requieran, sobre todo las herbáceas y las anuales. Además, hay que repicar los plantines y realizar recambios para tener una huerta productiva durante el verano”. 

¿Cómo lograr que el jardín se replique dentro de casa, en ramos o centros de mesa? “Las flores se cortan muy temprano, cuando están bien frescas, y pueden dejarse en baldes con agua fría en algún lugar sombrío. No es conveniente cortarlas al mediodía, ya que el calor las agobia, ni tampoco después de una lluvia, porque sus pétalos mojados se marcan. Una mejor duración en el florero se logra cambiando el agua a diario. Cuando el arreglo está hecho sobre un oasis, debe agregarse agua periódicamente a medida que se vaya evaporando”, cierra Billoch. 

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Fotos: Ángela Copello Un año en el jardín (Catapulta).

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