Viajes


En el confín del mundo


Por Federico Svec.


En el confín del mundo
Paisajes, aventura, historia, tradición, producción de exquisiteces. Chilecito, en la provincia de La Rioja, esconde elementos tan singulares como extraordinarios.

Estábamos en la provincia de La Rioja, viajando por la ruta nacional 40 rumbo a la ciudad de Chilecito, cuando el paisaje nos sorprendió rodeándonos con cordones montañosos de una gran belleza, donde se destacaba una cima blanca que brillaba a la luz del sol. El guía de montaña Gustavo Agüero nos explicó lo que veíamos: “Tienen la sierra de Famatina al oeste, la sierra de Velasco al este, y las estribaciones del cordón de Paimán que desembocan en el interior de Chilecito. El cerro que se destaca es el General Belgrano; tiene 6250 metros de altura y su cumbre está formada por tres picos: el más elevado es el Blanco o Alto, y después están el Negro y el Rosillo. Para los montañistas representa un desafío porque es el cerro más alto del mundo, ya que es un seismil que no forma parte de la cordillera de los Andes, sino de las sierras de Famatina, que, a su vez, son estribaciones de las Sierras Pampeanas”.

Es que esta zona es propicia para cualquier aventurero profesional o aficionado, pero también para los curiosos, ya que hay otros atractivos, como el Circuito de las Capillas, formado por ocho capillas en diferentes distritos (una de ellas es la iglesia Santa Rosa de Lima, un fiel ejemplo de la arquitectura colonial rural, que se comenzó a construir en el año 1750 y tiene paredes de adobe de 1,30 metros de espesor). 

Otros itinerarios descubren, por ejemplo, la rica cultura gastronómica de la región, como la Ruta del Torrontés Riojano. Pero si hablamos de rincones fascinantes, no podemos obviar la mina La Mejicana y el extraordinario cablecarril que construyeron los alemanes para llegar a ella. Su historia la escuchamos de la voz de Mario Andrada, de la Secretaría de Turismo y Cultura de Chilecito: “La búsqueda de minerales en la región –especialmente de oro– es muy antigua: se remonta a la época de los diaguitas, los incas y los jesuitas. La gran dificultad fue siempre el transporte de los minerales desde las alturas de la sierra de Famatina. Entonces, y por iniciativa de Joaquín V. González, se empezó a construir en 1903 un cablecarril para unir Chilecito con la mina La Mejicana, una tradicional de socavón, ubicada a 4603 metros de altura. La obra de ingeniería que llevó a cabo la empresa Adolf Bleichert, de Leipzig, fue prodigiosa: treinta y cinco kilómetros de cables de acero para soportar las vagonetas de transporte de mineral, 262 torres de hierro, nueve estaciones de control, un túnel de más de 150 metros excavado en la roca, la primer instalación telefónica realizada en el país…”.

La explotación de la mina fue abandonada en 1926, pero el cablecarril aún asombra. Es más, si se quisiera, todavía podría funcionar. El 25 de abril de 1982 fue declarado Monumento Histórico Nacional. Hoy es un gran atractivo turístico, y entre sus estaciones se pueden emprender trekkings fantásticos, entre otras actividades.
Vuelta del Pique
Este es un clásico recorrido en Chilecito, que permite unir lugares y pueblos de la montaña pasando por un solo camino que puede hacerse en vehículo, a caballo o en bicicleta. Su nombre proviene del puesto El Pique, dedicado a la producción de nogales. La vuelta tiene una extensión aproximada de 50 kilómetros, pero vamos por partes...

En primer lugar, saliendo por la ruta provincial 14 y tras 7 kilómetros, arribamos al distrito minero Santa Florentina, donde se encuentra la Estación II del cablecarril, llamada El Durazno, a 1700 metros de altura. Restaurada en su totalidad, se pueden recorrer sus antiguas instalaciones. Una de ellas se recicló para convertirse en El Gran Pez, un increíble restaurante gourmet en medio de la montaña. Su chef, Lutty Juárez, no solo ofrece una cuidada carta de vinos riojanos, sino que cada día se luce con un menú temático diferente que incluye tanto platos típicos como recetas del mundo.

Para los que tengan más tiempo y quieran caminar disfrutando del aire puro de las sierras, la alternativa es salir de la Estación I, en Chilecito, a 1075 metros. Cada estación superior va conformando nuevos circuitos: por ejemplo, un trekking se adentra hasta la Estación III, El Parrón, a unos 2000 metros. Otro hace lo propio hasta la Estación IV, Siete Cuestas, a 2539 metros. La Estación IX, La Mejicana, está a 4603 metros: una cruzada para aquellos con experiencia de montaña. 

De continuar por el camino de la Vuelta del Pique se puede ascender a su punto más elevado: Las Chúcaras, a 2250 metros. Allí hay una bifurcación: a la izquierda, arranca un descenso hasta el pueblo de Guanchín (se pasa por el puesto El Pique); a la derecha, se sube hacia la Mina El Oro, otra imperdible propuesta de turismo minero. El final de esa travesía que alterna vehículos 4x4 con caminatas, es una antiquísima mina a 3000 metros. Allí se impone un paseo por los abandonados socavones auríferos, por la planta procesadora (con sus motores diésel oxidados), por los hornos de fundición, y las ruinas de un pueblo fantasma que supo albergar a seisceintos habitantes.   

El descenso hacia Guanchín es ideal hacerlo en bici, aunque está la chance de hacerlo a caballo. Antes de pasar el río Los Ciruelos, se puede hacer un trekking durante el cual es posible pescar truchas en el río Pismanta. Ya en el pueblo propiamente dicho se aprecian los cultivos de nogales, almendros, durazneros o membrilleros. Por el clima frío y seco de la región, aquí reinan las hierbas aromáticas. Los locales las cosechan y muchas se usan con fines medicinales, como el suico, para el dolor de panza, o el muña-muña, la pastilla azul riojana… 
El Camino del Inca
Salimos de Chilecito por la mítica ruta nacional 40 hacia el oeste, y luego de unos 35 kilómetros, exactamente en el kilómetro 3808, desensillamos en el paraje Cuesta de Miranda. El camino tiene su historia: está construido sobre una antigua senda de animales que los nativos usaban para cruzar hacia la cordillera riojana. Allá por el 1800, los arrieros unían Famatina con Villa Unión. El nombre viene del español don Juan de Miranda, antiguo dueño de estas tierras. A principios del siglo XXI se le encargó la construcción al ingeniero italiano Vicente Bolloli, que demoró diez años en concluir la obra (1918-1928), ya que utilizó solo materiales del lugar (sin cemento ni ningún otro tipo de pegamento, sino con los mismos sistemas de pircas incas para no afectar el paisaje). 

La Cuesta de Miranda tiene una longitud de 12 kilómetros y llega a una altura máxima de 2020 metros en el paraje Bordo Atravesado. Actualmente está asfaltada y forma parte de la ruta nacional 40. En la ladera de la montaña se conservan senderos trazados por los nativos, luego aprovechados por los incas en su paso hacia Mendoza o Chile. Allí se pueden hacer diversos trekkings. La largada de uno de ellos se sitúa a unos 200 metros­ por debajo del mirador Bordo Atravesado. El grado de dificultad es medio, sobre todo por la pendiente, pero no se requiere ninguna habilidad técnica de montaña: solo buen estado físico ¡y muchas ganas! Las vistas son espectaculares, incluida una panorámica de ensueño de toda la Quebrada del Río Miranda. En algunos tramos, puede provocar un poco de vértigo por la caída a pique que tiene el borde de la senda, pero es el toque de adrenalina que toda aventura necesita. A animarse.
Delicias chileciteñas
Según el Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), La Rioja es la tercera provincia productora de vino en la Argentina, después de Mendoza y San Juan. 

Existen alrededor de treinta bodegas y fincas que forman las famosas rutas del vino. Se destaca la Ruta del Torrontés Riojano, el varietal emblemático de la provincia. Su cuna está en los Valles de Famatina, y los viñedos del departa mento de Chilecito tienen más del 70% de la superficie del total cultivado dentro de la provincia. Las opciones son varias: desde las grandes bodegas –como La Riojana o Valle de la Puerta– hasta los productores artesanales –como Las Cruces–. La Riojana funciona como una cooperativa que concentra alrededor del 80% de los pequeños y medianos productores de la provincia. Amén de sus variedades, Valle de la Puerta tiene una producción de excelente aceite de oliva. Una posibilidad única es la de recorrer sus viñedos y olivares en bicicleta. Si damos una vuelta por Las Cruces, en el distrito de Anguinán, degustaremos vinos caseros con varietales elaborados en viñedos propios, además de un cosecha tardía rosado hecho con uva cereza. Por otro lado, en Don Pocho elaboran grapa, licores caseros y dulces regionales. Por último, La Rinconada es un emprendimiento familiar que ostenta una receta de su propia invención: el alfajor con crema de vino torrontés.

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