Viajes


Sueño escandinavo


Por Daniela Calabró.


Sueño escandinavo
Con altos estándares de calidad de vida, Suecia se posiciona como uno de los países más felices del mundo. Cuatro argentinos cuentan las luces y sombras de emigrar hacia esas tierras.

Hace tiempo que los altos estándares de la educación finlandesa y la amigable filosofía hygge de los daneses nos hacen llevar la mirada hacia la parte superior del planeta. A pesar de ser vecinos cercanos del Polo Norte y de tener inviernos oscuros de casi seis meses, los países escandinavos siempre ocupan los primeros puestos del World Happiness Report. 

Entre todos los pueblos de esta feliz franja nórdica, Suecia es particularmente reconocida por su equidad social y su elevada calidad de vida. “Es un país con un nivel de desarrollo humano muy avanzado. La población está altamente educada, goza de buena salud y tiene una gran expectativa de vida. Lo novedoso del modelo escandinavo es que busca acompañar al ciudadano en todas las etapas: cuando tenés hijos recibís un subsidio; cuando estudiás te ofrecen becas y programas de inserción laboral; y, más allá de la antigüedad o la jerarquía, todos los trabajadores tienen alrededor de un mes de vacaciones”, grafica Facundo Ortiz, un argentino amante de los idiomas que hace seis años se fue a trabajar como profesor de Español y de Inglés a una escuela primaria sueca.

Así como la educación es gratuita desde el jardín hasta la universidad, por aquellos lares no existe la medicina privada, se aprobaron las jornadas laborales de seis horas y las políticas migratorias son bastante laxas (Suecia fue uno de los países de Europa que más refugiados recibió durante el período 2015-2016). “A mí  me gusta mucho su concepto de ecología y el amor que tienen por la naturaleza. Usan la basura que no pueden reciclar para dar calefacción a los edificios. Tienen una economía estable, se puede caminar en paz por sus calles y hay igualdad de género: hombres y mujeres se reparten las actividades de la casa”, aporta Ana Hebe Debenedetti, una profesora de yoga argentina que se radicó en Suecia el año pasado siguiendo a un amor. Por su parte, Inés Priori Sáenz, oriunda de Bariloche y hoy vecina de Estocolmo (donde se desempeña en el área del software empresarial), destaca la preocupación y el respeto en torno a los niños: “Se promulgaron varias leyes afines: desde los dieciséis meses de licencia que dan por maternidad y paternidad hasta subsidios a la infancia o derechos que les brindan protección. Por ejemplo, este fue uno de los primeros países en prohibir por ley que se les pegara a los chicos”.
Sabores vikingos
Por sus bajas temperaturas, es usual que en Suecia no abunden las verduras frescas. Por eso, las alacenas de los hogares están repletas de frascos con vegetales encurtidos, como el chu-crut o los pepinos en vinagre. Pero a la hora de una comida sustanciosa, el plato nacional son las kötbullar, unas esferas de carne muy condimentadas y servidas con salsa de arándanos. Obvio, los productos de mar no pueden faltar en la mesa de un país rodeado por océano: las estrellas son el famoso salmón gravlax y unos pequeños arenques fermentados a los que llaman surströmming. Y la pregunta infaltable: ¿con qué elíxir espirituoso combaten el frío? Lo hacen con el aquavit (una bebida tradicional con una graduación alcohólica similar a la del vodka) o con el punsch, un licor muy dulce que se bebe caliente.
Amigos, aire libre y poca espontaneidad
Hace rato que está sonando con fuerza la palabra sueca lagom, que significa algo así como “la medida justa”. Este concepto describe cómo esta sociedad (y la escandinava en general) se está volcando a un modo de vida más equitativo, en donde los excesos están mal vistos y el equilibrio se logra priorizando momentos simples, como disfrutar de las situaciones sociales. “En la actualidad, se están fomentando actividades al aire libre para que los habitantes participen de ellas. ¿Por qué? Porque les falta dar un paso en cuanto a la integración social. Al sueco le cuesta abrirse”, revela Debenedetti. 

Sin embargo, esto parece estar empezando a revertirse en los espacios públicos. “Es una sociedad a la que le gusta hacer deporte. En todas las estaciones del año, siempre vas a ver un sueco corriendo, patinando sobre un lago congelado o andando en bicicleta”, desliza Ortiz. La compatriota Marisa Payva, afincada en aquellos pagos desde hace catorce años, agrega: “Quienes residen en las urbes no cuentan con mucho lugar en sus departamentos, ya que el metro cuadrado es carísimo. Por eso, los parques y los cafés al aire libre se llenan al primer rayo de sol. Muchos de estos lugares ofrecen mantas para que la gente pueda tolerar las bajas temperaturas. Se arman picnics, que ellos denominan knit kalas”. 

Queda claro que, para nuestra idiosincrasia, los vínculos en Suecia aún se sienten distantes. “Acostumbrada a nuestra flexibilidad, no entiendo cómo a ellos, frente a una situación no esperada, les cuesta analizar diferentes opciones. Me encanta su estructura, pero se vuelven un poco rígidos si algo no es como el libreto dice que debe ser”, acota Debenedetti. Ortiz adhiere: “Los suecos carecen de espontaneidad. Construir relaciones profundas lleva tiempo y paciencia. Al principio son tímidos, aunque cuando entran en confianza se muestran tal cual son”. Para Priori Sáenz, que está habituada a las sobremesas vernáculas, lo más sorprendente es el poco debate entre pares: “Hay temas candentes que no se tocan y las relaciones son bastante civilizadas. Cada uno tiene una opinión, que es respetada y valorada. No discuten para ver quién tiene razón o para coincidir”.
Formación y trabajo, un ida y vuelta
La educación es, tal vez, uno de los puntos más salientes del país escandinavo. Siempre a la vanguardia, revisan constantemente sus planes de estudio, a tal punto que allí se aprende la materia Programación ¡desde el jardín de infantes! A la vez, priorizan la accesibilidad y la igualdad de posibilidades. 

“A la enseñanza media se accede de acuerdo con la cantidad de puntos que se hayan acumulado al egresar del noveno año. Obviamente, las mejores escuelas son las que requieren mayor puntaje. Pero todo sigue siendo gratuito, incluso en el ámbito universitario, donde también se impone el sistema por puntuación”, comenta Payva. Y prosigue: “Existe una escuela de adultos, llamada komvux, donde pueden cursarse materias extras para adquirir más puntos. Además, tanto en la komvux como en la universidad, se tiene acceso a un apoyo económico”. Ortiz ahonda en este último concepto: “Literalmente, te pagan por estudiar. Uno recibe un sueldo que debe ‘devolver’ cuando se recibe, con una tasa de interés muy baja. Con ese dinero pueden cubrirse los gastos de alquiler, bibliografía, comida y un poco de ocio”. 

En Suecia todo lo que se da se devuelve. El Estado brinda, los ciudadanos retribuyen, y viceversa. “Con los impuestos que se pagan, podés apreciar una ciudad ordenada, limpia, bella. La calidad de vida es primordial para ellos: la sociedad está basada en ese punto”, especifica Debenedetti.

Por supuesto, no todo es color de rosa. Quienes caminan por sus callecitas aseguran que se trata de un país oneroso, sobre todo en las grandes urbes. “En las familias tipo son necesarios dos ingresos. En Estocolmo es muy difícil conseguir departamento para alquilar. Y comprar es casi imposible. Para los jóvenes es carísimo acceder a la primera vivienda”, afirma Ortiz. 

Observar con ojos locales una potencia extranjera siempre tiene otro color. Cuatro argentinos, con distintas experiencias, confirman que todo tiene su lado A y su lado B. Hasta la tan mentada felicidad sueca.
Imperdibles para viajeros
• Estocolmo: Recorrer las catorce islas que componen la capital sueca es toda una experiencia. El mar Báltico es un canto a la naturaleza, y los palacios y museos relatan setecientos años de historia. El Kungsträdgården, un parque con un mágico jardín de cerezos, es una cita obligada. 
• Gotemburgo: Es la segunda ciudad más importante de Suecia y, además de su belleza, ofrece gastronomía marítima de lujo. Quienes van en familia no pueden dejar de conocer el parque de diversiones Liseberg, uno de los más grandes de Europa.  
• La costa occidental: Desde el archipiélago de Gotemburgo hasta la frontera norte con Noruega, hay miles de islas con pintorescos pueblos de pescadores. Puede unirlas en barcos de paseo o aventurarse a “saltar” de una a otra en kayak. 
• Malmö: Tercera ciudad más habitada de Suecia, es una de las más sostenibles del mundo. Su atractivo principal es el imponente puente de Öresund, que la une con Copenhague (Dinamarca): tiene una longitud de ocho mil metros. 
• Laponia: El universo blanco, los fríos intensos, los pueblos originarios y las auroras boreales regalan la sensación de estar en otro universo.

nueva, todos los domingos con:


El Norte La Capital Nuevo Diario El Día La Gaceta Rio Negro Primera Edición Uno - Mendoza Uno - Entre Ríos Uno - Santa Fe Diario Norte Puntal - Córdoba La Nueva Diario Democracia El Independiente Diario Norte